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Es un procedimiento para reemplazar la médula ósea dañada o destruida por células madre de médula ósea sana.

La médula ósea es el tejido graso y blando que se encuentra dentro de los huesos. La médula ósea produce glóbulos rojos. Las células madre son células inmaduras en la médula ósea que dan origen a todas las células sanguíneas diferentes.
La médula ósea es el tejido blando que se encuentra en el interior de los huesos que crea células formadoras de sangre. Las células formadoras de sangre son células inmaduras (también llamadas células progenitoras sanguíneas) que se convierten en glóbulos rojos, glóbulos blancos o plaquetas. Cuando maduran, las células y plaquetas salen de la médula ósea y entran en la sangre circulante.
 
  • Los glóbulos blancos ayudan a luchar contra las infecciones
  • Los glóbulos rojos transportan oxígeno por todo el cuerpo
  • Las plaquetas ayudan a controlar el sangrado
Existen 3 fuentes de células formadoras de sangre que se usan en trasplantes. Estos son:
 
  • Médula ósea: el tejido esponjoso que se encuentra dentro de los huesos.
  • Células progenitoras de sangre periférica (PBSC): las células formadoras de sangre provenientes de la sangre circulante.
  • Sangre de cordón: la sangre extraída del cordón umbilical y la placenta después de que nace un bebé
Su médico especialista en trasplantes le recomendará qué tipo de trasplante —autólogo o alogénico— y qué fuente de células son los mejores en su caso. Esta decisión se basa en muchos factores, entre ellos:
 
  • Qué enfermedad tiene y en qué estadio
  • Su salud general

Los médicos siguen pautas para recomendar el mejor momento para el trasplante. En general, los trasplantes tienen mayores probabilidades de éxito si:
 
  • Está en los primeros estadios de la enfermedad.
  • Usted está en remisión (no tiene signos de la enfermedad) o tiene muy poca enfermedad en el cuerpo.
  • Su enfermedad ha mejorado después del tratamiento.
  • Se encuentra en buen estado de salud general. La situación de cada paciente es única, así que es importante que hable sobre todas sus opciones con su médico.
Pregunte para saber qué esperar de su tratamiento.
El objetivo de un trasplante de médula ósea es curar muchas enfermedades y tipos de cáncer. Cuando la médula ósea resulta lesionada o destruida por una enfermedad o tratamientos intensos de radioterapia o quimioterapia para el cáncer, puede ser necesario un trasplante de médula ósea.

El trasplante de médula ósea puede utilizarse para:
 
  • Sustituir una médula ósea enferma y que no funciona por una médula ósea sana y que sí funciona (para enfermedades como la leucemia, la anemia aplásica y la anemia drepanocítica o de células falciformes).
  • Sustituir la médula ósea y restaurar su función normal tras la administración de dosis altas de quimioterapia o radioterapia para tratar un cáncer. Este es un proceso que suele denominarse "de rescate" (para enfermedades como el linfoma y el neuroblastoma).
  • Sustituir la médula ósea con una médula ósea genéticamente sana y en funcionamiento para prevenir un daño mayor debido a una enfermedad genética (como el síndrome de Hurler y la adrenoleucodistrofia)
La leucemia es un tipo de cáncer de la sangre que comienza en la médula ósea, el tejido blando que se encuentra en el centro de los huesos, donde se forman las células sanguíneas.

El término leucemia significa sangre blanca. Los glóbulos blancos (leucocitos) son producidos en la médula ósea y el cuerpo los utiliza para combatir infecciones y otras sustancias extrañas.

La leucemia lleva a un aumento incontrolable de la cantidad de glóbulos blancos.
Leucemia linfocítica aguda (LLA)
Leucemia mielógena aguda (LMA)
Leucemia linfocítica crónica (LLC)
Leucemia mielógena crónica (LMC)
Leucemia de células pilosas
Con los conocimientos que disponemos hoy día, puede afirmarse que la leucemia no se hereda. El hecho de que se observe a veces en hermanos gemelos parece ser debido a que ambos están expuestos a los mismos factores ambientales de riesgo.
No, la leucemia no es una enfermedad contagiosa. Las medidas de precaución que se toman son para evitar que el enfermo se infecte al tener disminuidos sus mecanismos de defensa, pero nunca porque él pueda contagiar a los que están a su alrededor.
No. En la mayoría de los casos de leucemia aguda un análisis de sangre realizado dos semanas antes del diagnóstico daría un resultado normal. A diferencia de otros tipos de tumores, aparece de forma brusca.
Al ser una enfermedad de la sangre, cuando aparecen los primeros síntomas las células malignas están ya distribuidas por todo el organismo.
Desgraciadamente no. Las células malignas en su crecimiento escapan a los mecanismos de defensa y control del organismo, llevando irremisiblemente a la muerte. Las únicas posibilidades de curación las ofrece el tratamiento médico especializado.
Si bien alguno de los múltiples tratamientos basados en extractos de plantas, alimentos naturales o similares puede mejorar alguno de los síntomas del paciente, no existe ninguna evidencia científica que haga suponer que puedan controlar y muchos menos erradicar la enfermedad.
No todo el mundo puede ser donante de médula ósea. Para ello el requisito fundamental es, además de estar sano, tener una edad comprendida entre los 18 y los 55 años.
La donación de médula ósea está contraindicada en personas que padecen determinadas enfermedades:
 
  •   Hipertensión arterial no controlada.
  •   Diabetes mellitus insulinodependiente.
  •   Enfermedad cardiovascular, pulmonar, hepática, hematológica u otra patología que suponga un riesgo sobreañadido de complicaciones durante la donación.
  •   Enfermedad tumoral maligna, hematológica o autoinmune que suponga riesgo de transmisión para el receptor.
  •   Infección por virus de la hepatitis B o C, virus de la inmunodeficiencia adquirida (SIDA) o por otros agentes potencialmente contagiosos.
  •   Algún factor de riesgo de SIDA (anticuerpos anti-VIH positivos, drogadicción por vía intravenosa, relaciones sexuales múltiples, ser pareja de uno de los anteriores, ser hemofílico o pareja sexual de hemofílico, lesiones con material contaminado en el último año).
  •   Haber sido dado de baja definitiva como donante de sangre.
  •   Tener antecedentes de enfermedad inflamatoria ocular (iritis, episcleritis) o fibromiálgia.
  •   Tener antecedentes o factores de riesgo de trombosis venosa profunda o embolismo pulmonar.
  •   Recibir tratamiento con litio.
  •   Tener recuentos de plaquetas inferiores a 120.000 ml.

Preguntas más Frecuentes

 

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